¿Guía Avanzada o Facial PRO? Mi elección al pasar de practicar con vecinos a cobrar mis primeras sesiones

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Comparativa de maderoterapia corporal y facial: mi elección al pasar de practicar con vecinos a cobrar mis primeras sesiones

El rodillo se me escurre un segundo entre los dedos mientras cuento, todavía de pie junto a la camilla plegada a medias, los primeros billetes que me ha dejado alguien que no es ni mi prima ni la vecina del tercero. (Aviso rápido de amiga, antes de que sigas leyendo: este blog vive de enlaces de afiliado; si compras un curso a través de los que menciono aquí, a mí me llega una comisión y a ti no te cuesta ni un euro de más). Llevo el tiempo suficiente dándole al palo para tener clara la respuesta a la pregunta que más me repiten las que quieren montar un pequeño negocio de maderoterapia corporal o facial en su salón: si solo puedes pagar un curso ahora mismo, empieza por el cuerpo. La cara la dejas para cuando ya tengas la agenda llena y quieras subir el ticket.

Va, aquí tienes mi comparativa sincera entre las dos opciones para este pequeño emprendimiento, la que me habría gustado leer antes de gastarme lo que me gasté, en vez de fiarme solo de la publicidad de cada curso.

¿Cuerpo o cara primero: por dónde empezar a cobrar en maderoterapia?

Cada semana me escribe alguien con la misma duda por WhatsApp: si está montando este negocio desde cero, ¿conviene dominar antes el cuerpo entero o lanzarse directamente a las técnicas faciales, que cansan mucho menos las manos? La duda tiene su lógica: el facial parece el atajo perfecto para cobrar bien sin acabar con los pulgares destrozados, pero la experiencia con clientas de verdad, y no solo con vecinas practicando gratis, dice otra cosa bastante distinta.

Palos de maderoterapia corporal listos sobre la mesa antes de una sesión de pago

Lo que realmente enseña la Guía Avanzada de maderoterapia corporal, sin adornos

La Guía Avanzada cubre el cuerpo entero: piernas, glúteos y ese abdomen que media clientela pide nada más sentarse en la camilla, y ahí está ya la primera diferencia frente a cualquier curso pensado solo para la cara. Lo que más uso en el día a día son los PDF de protocolo, que reviso rápido antes de que llegue alguien nuevo para no quedarme en blanco a media sesión (una de las clases en directo me sacó una vez de un apuro serio con una duda sobre cómo colocar la espalda que me estaba destrozando los riñones). Tiene buena nota entre quienes ya lo han hecho, aunque la comunidad es más bien callada; si buscas un grupo activo para resolver dudas a diario, aquí vas más al grano y menos al chat continuo. El curso no explica los palos corporales desde cero absoluto, así que si nunca has tenido uno en la mano, cuenta con algo de curva de aprendizaje al principio. Tampoco es lo mismo que la maderoterapia avanzada de verdad; eso ya es otro nivel, para cuando llevas clientela fija.

¿Merece la pena el Facial PRO como primer curso de maderoterapia facial?

El Facial PRO cambia por completo el ritmo de trabajo: los palos son diminutos, el aceite de almendras se gasta gota a gota y los pulgares terminan la sesión mucho menos cansados que después de una hora entera de piernas. Es el curso que está pegando fuerte este año como complemento fácil de vender, y deja bien claro cómo adaptar la técnica según el tipo de piel de cada clienta (mixta, seca, sensible). Lo que me dio más reparo fue lo poco que profundiza en seguridad: el rostro es zona delicada, y si te llega alguien con rosácea o capilares marcados hay que saber cuándo parar la sesión, algo que el módulo apenas roza. Si ya tienes soltura con el cuerpo y quieres un extra para subir el ticket, genial; como primer curso en solitario, lo veo arriesgado.

Curso de maderoterapia facial abierto en la tablet junto a toallas limpias, revisando el temario antes de decidir

Las clientas piden cuerpo antes que rostro, y hay una razón clara

Casi nadie se sienta en la camilla pidiendo un facial de entrada; piden que les quite esa pesadez de las piernas o esa piel de naranja que lleva años ahí, muchas veces después de haber probado antes cremas anticelulíticas de farmacia que se quedaron a medio bote sin notar gran cambio. Con el rodillo nervado pasando por el muslo hay un momento muy concreto en el que noto cómo la piel deja de arrugarse entre los dedos y queda lisa, casi esponjada, sin el pliegue de antes; ese cambio tan visible es el que hace que una clienta reserve la siguiente cita antes de irse. Una vecina me paró una vez entre los puestos del Mercado Central de Atarazanas solo para preguntarme si hacía sesiones de piernas, sin saber siquiera que también ofrecía facial.

Todo esto pasa en esas primeras semanas captando tus primeros clientes, cuando todavía no tienes margen para improvisar delante de nadie. Hubo una clienta nueva que llegó preguntando por un protocolo de drenaje porque se sentía hinchadísima, y si solo hubiera hecho el curso facial me habría quedado con cara de póker; gracias a haber priorizado la formación avanzada en maderoterapia pude explicarle qué hacíamos con la tabla moldeadora sin titubear. También estuve mirando el Masajista Integral, que suma masaje relajante, descontracturante y drenaje básico además de la madera, pero lo descarté por amplio; quería ser 'la de las maderas', no la que sabe un poco de todo y mucho de nada. Ya me pasó una vez con un curso de estética general que dejé a la mitad porque abarcaba tanto que no avanzaba en nada concreto, y el dinero se quedó ahí, a medio aprovechar.

Manos sujetando la tabla moldeadora de maderoterapia corporal que más piden mis clientas

Herramientas baratas: el palo que se astilló el primer mes que empecé a cobrar

Mi primer set de palos costó bastante menos que cualquier otro que había visto, y el primer mes que empecé a cobrar ya lo lamentaba: uno de los rodillos se astilló en plena sesión, dejó una viruta enganchada en la toalla y un rasguño fino en la pierna de la clienta que, menos mal, no pasó de un enrojecimiento leve. Tuve que parar, disculparme y terminar con otro palo mientras se me iba el color de la cara. Ahora los tengo ordenados por tamaño en la balda de al lado del microondas, pero aquel primer mes ni balda tenía, los llevaba amontonados en una bolsa. Desde entonces no escatimo en madera de calidad; un rodillo de haya bien lijado, que se sienta sólido en la palma, sale más caro al principio pero te ahorra ese tipo de sustos. La diferencia entre un kit profesional y uno básico de bazar no se nota mirándolo en la foto del anuncio, se nota con la piel de otra persona debajo de tus manos.

Si el cuerpo ya te sale con soltura y quieres subir el ticket con algo más, ahí sí que lanzarte al Facial PRO tiene sentido, pero como segundo paso, nunca como el primero. Empezar por el tejado sin tener listos los cimientos es un error que veo mucho entre quienes arrancan un mini-estudio en casa.

Comparativa entre un rodillo de maderoterapia barato astillado y uno profesional pulido

Cuida el aceite y las toallas antes de que te arrepientas

Ese primer mes también aprendí por las malas lo que el aceite de almendras le hace a una toalla blanca si te pasas con la cantidad: un par de manchas no salieron ni con tres lavados, y tuve que retirar toda una remesa que ya no podía enseñarle a nadie con clientela de pago. Ahora mido el aceite con la palma, no a ojo, y guardo un juego de toallas oscuras solo para eso, aparte de las buenas. El chasquido seco del palo contra la palma, justo antes de arrancar la sesión, se ha convertido en la señal que uso para revisar que todo esté en su sitio: toallas, aceite medido, agenda del día, antes de que llegue nadie.

Y hablando de agenda: una clienta canceló una vez con la sesión ya casi encima, sin avisar con tiempo, y me quedé la tarde libre y sin cobrar nada porque todavía no tenía ninguna política de aviso previo. Asun Navas, clienta habitual desde el primer mes que empecé a cobrar, siempre avisa con antelación si algo se le complica; ojalá todas fueran así, porque la diferencia entre una agenda que cuadra y una que no suele estar en ese detalle tan tonto.

Ahora que cobro por sesión, esto es lo que ha cambiado de verdad

En estos tres años dándole al rodillo, en mi piso de alquiler cerca de la Alameda Principal, si tuviera que volver a elegir con los billetes arrugados en la mano, repetiría con la Guía Avanzada sin pensarlo. Es la que me permite decir que sí a la mayoría de las que me escriben por WhatsApp, mientras que el facial se queda bonito pero secundario. Cuando algo no me cuadra en una sesión, todavía llamo a Trini Carmona, antigua compañera de trabajo, que sin falta te devuelve la llamada en cinco minutos. No soy profesional sanitaria ni pretendo serlo, así que si veo algo raro en la piel o me dicen que hay problemas circulatorios serios, prefiero perder la sesión antes que arriesgarme, y para esos casos siempre tengo a mano el contacto de un fisioterapeuta colegiado al que derivar.

Kit de maderoterapia facial en miniatura, para cuando el emprendimiento crece hacia el rostro

¿Qué camino tomar si estás empezando a cobrar tú también?

Si tus clientas ya te piden más pero sientes que te falta estructura, o si notas que el cuerpo se te cansa de más porque todavía improvisas la técnica, no le des más vueltas: repasa los mejores cursos de maderoterapia online antes de decidir y quédate con uno centrado en el cuerpo para arrancar. En esa selección del curso en Hotmart pesa más leer bien los pros y los contras de cada programa que dejarte llevar por la portada más bonita.

Sobre los aceites, cada tipo de piel pide algo distinto, y ese tema por sí solo da para un artículo aparte; aquí solo te digo que no compres el primero que veas en oferta sin mirar bien qué lleva dentro. Lo que buscamos todas al final es dejar de sentirnos impostoras en nuestro propio estudio, y eso se consigue con horas de práctica y un curso que te resuelva las dudas justo cuando no estás segura.

Si ya estás lista para profesionalizar lo que haces en tu salón, yo empezaría por la Maderoterapia: Guía Avanzada; es la que a mí me quitó el miedo a cobrar lo que valía mi tiempo.